4.5.08

Ovidio posmoderno

Durante mucho tiempo consideradas "Biblia de los paganos" o manual de iconografía para pintores, las Metamorfosis de Ovidio son una de las grandes obras de la literatura occidental. Personalmente siempre había preferido su Arte de amar, los Amores o las Cartas a las heroínas, porque las Metamorfosis me parecían un conjunto de mitos en apariencia inconexos en los que el poeta no llegaba a dar todo lo que podía.
Hasta que he leído la edición de los cinco primeros libros preparada por los profesores J. C. Fernández Corte y J. Cantó Llorca, para la Biblioteca Clásica de editorial Gredos. En ella se analiza a Ovidio desde un punto de vista narratológico, haciendo uso de todas las herramientas del análisis filológico más moderno. Y así aparece un autor siempre en rebeldía con los límites impuestos por la poesía de su tiempo, y por su sociedad.

Los editores insisten constantemente en una serie de características que aproximan la obra a nuestra época, como la reflexividad, es decir, la reflexión del autor sobre lo que está haciendo en su texto; el juego de diferentes narradores, incluso el uso de narradores secundarios; la intertextualidad, especialmente con la Eneida virgiliana, a la que siempre desea superar, y también la intratextualidad (las referencias a su propio texto); la originalidad en el uso de la retórica de su época; la alusión y la elusión; la mezcla de géneros; el análisis sicológico de los personajes...
Además, Ovidio siempre nos da versiones diferentes de mitos y leyendas, que han conseguido imponerse con el tiempo; especialmente rivaliza con las versiones "oficiales" de Virgilio y los poetas "cortesanos"; Ovidio jugó a ser "rebelde" y a criticar larvadamente al poder, como sucede al principio de la obra: compara a Augusto con Júpiter, para seguir contando las violaciones que cometió Júpiter; si no está llamando a Augusto mujeriego... Todo ello está enmarcado en una poderosa filología (las notas a pie de página son de lo mejor que he leído nunca), lo que es de agradecer en estos tiempos
Por otra parte, Ovidio es un gran narrador, capaz de unir historias aparentemente dispares, y llevar en su mente continuamente el esquema (todavía desconocido) de su obra. Es una lástima que los clásicos sean los grandes olvidados de la cultura occidental en la actualidad, porque muchos de estos relatos atraen poderosamente a los adolescentes cuando los conocen (algunos son totalmente gore), y sirven, si se cuentan bien, para acercar a los jóvenes predispuestos a la lectura.
En fin, que espero que salgan pronto los otros dos tomos de Metamorfosis (y que la biblioteca pública los compre).

Etiquetas: , ,

3.1.08

Atracón de clásicos

En estos días de atracones varios (comida, familia, ¿felicidad?) no queda mucho tiempo para la lectura reposada. A pesar de ello, se intenta, y, como la literatura de hoy cada día me interesa menos, y la de ayer no me entra en muchos momentos, siempre recurro a los CLÁSICOS. Sí, con mayúscula (ahora a todo se le llama "clásico", aunque lleve una semana en la librería, y así nos va). Los grecolatinos, de Homero a Procopio de Cesarea (siglo VI d. C.) por lo menos.
Supongo que llegué a ellos a través de nuestros clásicos españoles; un día empecé a comprar textos de la colección clásica de Gredos, de Akal, de Alianza o Cátedra, a buscarlos en librerías de viejo (y hasta ebooks en internet), y se fueron almacenando para los momentos necesarios. En el último mes han sido mis compañeros más fieles.
Y no son aburridos: con Luciano de Samósata o Marcial no dejas de reírte, con Ovidio o Virgilio encuentras algunos de los textos más hermosos de Occidente, con Heródoto o los textos sobre Alejandro la curiosidad y la maravilla te llevan de una página a otra...
Ya hablé aquí de El mundo clásico, de Robin Lane Fox; ahora, del mismo autor, Acantilado publica Alejandro Magno. Conquistador del mundo, un grueso resumen de la historia del rey macedonio, muy sugerente, aunque traducido deprisa (supongo que para aprovechar el éxito del anterior libro), incluso con faltas de ortografía. Al interesado le hará pasar muy buenos ratos, porque incluso llega a parecer una novela policiaca (especialmente al relatar la muerte de Alejandro y quién pudo tener interés en su supuesto asesinato).
También han caído los tres tomos de la Historia de Apiano, un recorrido por la historia de los diferentes lugares y personajes del mundo antiguo en torno a Roma (Iberia, África, Iliria, Galia, Aníbal, Mitrídates), para centrarse en las guerras civiles romanas, mi época favorita, y quizá la más documentada; sobre el tema, apasionante es el relato que hace Tom Holland en Rubicón (Planeta). Y he terminado el Epítome de las Historias Filípicas de Trogo Pompeyo, de Justino, una Historia Universal desde los asirios a Augusto.
En espera están Polibio, la edición de Estrabón en Alianza, o D'Alexandre a Actium, de Peter Green, un detallado examen de la época helenística (otra de mis favoritas).
Y ahora estoy leyendo La India y el Catay. Textos de la Antigüedad clásica y del Medievo occidental (Alianza), de Juan Gil, que mezcla varias de mis pasiones: Grecia, Roma, el Oriente antiguo, la Edad Media y los mirabilia o maravillas del mundo (de esto ya hablaré otro día), y conecta con mi acercamiento a la India de los descubrimientos portugueses (y aquí ya cito El nudo y la esfera, de Isabel Soler, en Acantilado, el más esclarecedor estudio sobre el tema).

Pues eso, atracón, pero con gusto

P.S.: Estos días se ha muerto otro clásico, pero del jazz: Oscar Peterson. Lo bueno de los clásicos es que sigues oyéndolos o leyéndolos eternamente.

Etiquetas: